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La Historia de Nora
¡Viva nuevamente! Finalmente, después de 25 años
de sufrimiento con dolores e insomnio de la Fibromialgia (FM) y el
Síndrome de Fatiga Crónica e Inmunodeficiencia (SFCI), estoy
volviendo a vivir. Estaba segura de que me vida estaría llena de
dolor constante y que consecuentemente acabaría en desamparo e
inmovilidad.
Después de un ataque de monocitosis en mi juventud,
mi vida activa como voluntaria poco a poco se convirtió en nada.
Pero no terminó ahí; eso fue tan solo el inicio. A medida que los
años transcurrieron me percaté que no podía trabajar ni dentro ni
fuera de mi casa. Como nunca podía saber como me sentiría de un día
a otro, no podía hacer planes por adelantado. Cuando me obligaba a
realizar actividades físicas, me enfermaba por días y caía en una
depresión profunda. Por muchos años busqué respuestas y después de
ser constantemente diagnosticada de manera errada, eventualmente se
me dijo tener FM y SFCI.
Las opciones de tratamiento eran nulas o tenían forma
de píldoras como medicamentos para el dolor y antidepresivos. Había
pasado la mayor parte de mi vida tomando medicamentos para el asma,
alergias y sinusitis, sin problema, sin embargo mi cuerpo no podía
con los medicamentos para el dolor que me eran recetados. No tenía
más alternativa aparte de padecer en silencio. Constantemente
nublada por el dolor y fatiga, empecé a decaer en una depresión.
Eventualmente me empecé a dar cuento que no iba a ser capaz de
manejar mi vida y mi enfermedad si siempre estaba deprimida. De
manera reacia acepté tomar antidepresivos. Seis meses más tarde y
sintiéndome peor, dejé de tomarlos; convencida más que nunca que la
respuesta para mi no era una pastilla. Seguí buscando tratamientos
alternos. Algunos funcionaban por un tiempo, brindando desde mucho
hasta poco alivio, pero fallaban inevitablemente en proveer alguna
mejora a largo plazo. Convirtiéndose en norma las noches en vela y
los días aletargados.
Cuando encontré un centro que enfocaba especialmente
en el tratamiento de fibromialgia y fatiga, sentí que eran mi
última esperanza. Nada más había funcionado. A pesar de haber
programado mi primera cita, por dentro había empezado a aceptar que
estaría enferma por el resto de mi vida. Estaba tomando un riesgo.
Afortunadamente, ese riesgo valió la pena y el centro hizo una
diferencia enorme en mi calidad de vida. A decir verdad los
primeros dos meses del programa fueron muy difíciles. Durante la
fase de eliminación del plan, no era agradable estar conmigo. Me
sentía pésimo, como si estuviese empeorando y me desahogaba
regularmente con los médicos y el personal. Su aliento y apoyo
constante me hicieron seguir adelante. Sin perder la fe (ni la
paciencia) conmigo, ellos me ayudaron a tener fe en mi misma y en
sus tratamientos. Pronto, los dolores desaparecieron al igual que
la fatiga.
Hace años, mi esposo y yo empezamos a renovar nuestra
granja de 250 años y yo empecé a escribir una novela. Después de
los estragos en mi cuerpo causados por los dolores y la fatiga, ya
no podía ayudar en la casa ni escribir más de dos capítulos sin
sentirme completamente exhausta y desgastada. ¡Todo esto ha
cambiado! No puedo extralimitarme y debo permanecer en un régimen,
pero he recobrado mi vida. Solía pensar en todas las cosas que
jamás podría lograr o disfrutar nuevamente. Ahora pienso en todas
las cosas nuevas que haré en mi futuro libre de dolor.
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Antes del Tratamiento
“Constantemente nublada por el
dolor y fatiga”
Profundamente deprimida |
Después del Tratamiento
“Pienso en todas las cosas nuevas que haré en mi futuro libre de
dolor.” |
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