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La historia de Wanda
Después de buscar respuestas y sólo encontrar más
preguntas, enfado era el único sentimiento que podía mostrar hacia
la comunidad médica y sus estándares de cuidado deficientes. Cuando
asistí al seminario educacional en un centro de fibromialgia y
fatiga esperaba más de lo mismo. Sorprendentemente, lo que descubrí
en vez me restauró la fe en la industria de la medicina e inclusive
me dio esperanza.
A pesar de no estar conciente de esto en aquel
momento, mi batalla con la enfermedad de Lyme y el Síndrome de
Fatiga Crónica e Inmunodeficiencia (SFCI) me impactó fuerte en
enero de 2005. Mi doctor me diagnosticó con culebrilla, causado
posiblemente por el estrés, el cual resultó en Fibromialgia (FM).
Estaba sorprendida. Me encontraba en la mejor condición física de
mi vida y en mi segunda temporada de triatlón. Estaba tan débil y
cansada que no podía estar fuera de la cama por más de un par de
horas. Como ama de casa, me despertaba cada día con una lista de
actividades que incluía: cuidar de mi familia y hogar, realizar
ejercicios intensos, y trabajar como voluntaria. Como familia,
viajábamos frecuentemente y disfrutábamos esquiar sobre nieve,
montar bicicleta y hacer excursiones a la montaña. Ya para aquel
entonces, para poder funcionar, tuve que renunciar a todo. Al poco
tiempo ya se me había olvidado lo que era despertarse y simplemente
vivir mi vida. Cada minuto del día giraba al rededor de mi
enfermedad. Busqué ayuda sin éxito. Varios doctores inclusive me
aconsejaron de tener todo en mi cabeza.
Mis relaciones se volvieron tensas como resultado de
mi enfermedad. Mis hijos empezaron a verme y a interactuar conmigo
de manera muy diferente, siendo testigos de mi descenso de mi
estatus de súper mamá a un súper caos, en contra de mis mejores
esfuerzos. Existía una gran desconexión y muchas veces sentía tanto
dolor que ya no me interesaba. Sólo estaba tratando de sobrevivir.
Mis amigos sabían de mi enfermedad pero no entendían mi batalla. Mi
esposo fue la única persona que realmente comprendía cuán enferma
estaba. Su paciencia infinita y actitud positiva eran en gran parte
el motivo por el cual seguía adelante la mayoría de los días.
La travesía hacia mi bienestar inició cuando asistí a
un seminario educativo en un centro de tratamiento para la fatiga.
Inicialmente tenía una cita, pero por la insistencia de mi médico
en ese momento, quien me dijo que iba a perder mi tiempo y repetir
pruebas, la cancelé. La persona con la que hablé en el centro me
sugirió participar en un seminario educativo gratuito. La siguiente
tarde, mientras escuchaba la lista casi interminable de síntomas
asociados con FM/SFCI y las razones posibles para estas
disfunciones, sentí un gran alivio. Ya no tenía que ser un
detective. Había respuestas y personas que me creían y comprendían
mi padecimiento. Inmediatamente después reprogramé mi cita.
El día de mi primera cita, apenas podía caminar y
estaba extremadamente frágil tanto físicamente como emocionalmente.
Nunca olvidaré como un miembro del personal me regaló un pañuelo y
me dijo "llorar no tiene nada de malo. Es parte de la disfunción".
Me trataron con tanta dignidad y en ese momento me di cuenta que
había encontrado la ayuda que tan desesperadamente había buscado y
que nadie me había podido ofrecer. Tres semanas después mi vida
cambió completamente en mi segunda visita. Al analizar mis pruebas
de laboratorio, el doctor me explicó que los resultados de la
enfermedad de Lyme eran elevados y que era muy probable que yo
padeciera de esa enfermedad y no FM como se había previamente
pensado. Recuerdo una mezcla entre alegría y temor. Alegría de por
fin tener el nombre de mi enfermedad y de saber que podía retomar
el control de mi salud; y temor de saber que la batalla sería
larga.
Durante las siguientes 9 semanas, seguí un
tratamiento intravenoso e inyecciones de B12 regulares. El personal
me trató como si yo fuese su único paciente. Yo continuamente me
acercaba al centro con una lista de preguntas a las cuales siempre
alguien se tomaba el tiempo de contestar o explicar. A lo largo del
tratamiento, he escrito en un diario como me siento día a día. Me
ayuda a regresar a los días malos y ver cuanto he avanzado. Soy
ahora más fuerte físicamente y emocionalmente, y he notado que los
días buenos cada vez son más frecuentes. Y que ese no sería el caso
sino hubiera seguido las guías de mi tratamiento de manera
estricta. Saber que cada día estoy haciendo algo para ganar la
batalla por mi salud me da una sensación de poder. Estoy muy
agradecida por la creación de estos centros y por todo lo que están
haciendo para dar tratamiento a todo paciente que como yo que están
sufriendo con una condición debilitante.
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Antes del Tratamiento
Debil
Cansada
“Cada minuto del día giraba al rededor de mi enfermedad” |
Después del Tratamiento
“Saber que cada día estoy haciendo algo para ganar la batalla por
mi salud me da una sensación de poder.” |
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